En solidaridad con las movilizaciones en Chile*

Antón Fernández de Rota


Resulta muy difícil obviar que tras cualquier crisis económica se encuentra una crisis política. Si alguna vez se olvida es porque un día separamos lo que comenzó siendo un enunciado indivisible, el de la “economía política”. Ésta trataba, en última instancia, de la articulación de la racionalidad del gobierno y las formas de vida. Tenía por objetivo la mejor gestión de éstas últimas, contribuyendo a su propia vigorización y reformulación. Más allá de la recuperación de la “confianza” de los mercados y de la necesidad de acabar con el “irrealismo” en los mecanismos financieros, tópicos hoy por hoy presentes en cualquier noticiario del mundo, la crisis atañe a esta encuentro político entre la racionalidad y la vida. Un mero desajuste no ha sido lo único que la ha avivado, un error en la valoración económico, la incapacidad de controlar a los especuladores o cambios de peso en las balanzas de la geopolítica, que también. Lo que hoy está en crisis es la propia acción gubernamental neoliberal, que como es sabido tuvieron en el Chile pinochetista uno de sus más tempranos laboratorios de experimentación.

Lo propio del neoliberalismo es sustituir las formas de vida que se dieron en el cultivo del welfare, por otras donde cada unidad social ha de conducirse como si fuese una empresa, asumiendo sus valores emprendedores y dinámicas financieras. Así, la crisis inmobiliaria que sacude a un buen número de países, encuentra una de sus principales razones en la financiarización o empresarialización de sí de las familias, uno de los principales ámbitos de aplicación del modelo.  Esto mismo es lo que ha guiado la reformulación de las universidades. Ya no estamos ante el modelo de empresarialidad universitaria paternalista que caracterizaba aquella que fue objeto de las protestas de los años 1960, y que Mario Savio y otros líderes estudiantiles retrataron incisivamente en sus discursos. A lo largo de las últimas tres décadas, tanto con Margaret Tatcher como con Augusto Pinochet, este modelo se ha visto reemplazado por otro neoliberal, convirtiéndose la universidad en un ámbito de intensa experimentación. Es dentro de ella que se han dado los más innovadores formatos de outsourcing y un buen número de nuevas figuras contractuales. El resultado ha sido una aguda precarización de su personal investigador y ―más allá del pequeño star system generado en las universidades de élite― también del profesorado; la completa subordinación de la orientación universitaria a las agencias de evaluación de calidad estadounidenses; la supeditación just in time de la producción intelectual a la demanda de las grandes corporaciones; la exclusión, en función de los niveles de renta, del acceso al estudio de sectores poblaciones cada vez más amplios; la financiarización del estudiantado y sus familias, o el chantaje crediticio para los que cuentan con menos recursos.

Tales procesos han provocado multitudinarias movilizaciones de protesta a lo largo del mundo. Las de Chile son una más. Sus protagonistas tienen razones sobradas para rebelarse en los centros de enseñanza y tomar las calles. Ellos y ellas también tienen razón al vincular las reformas en curso con el pinochetismo, y éste con el neoliberalismo. Si hasta hace pocos años las movilizaciones por la educación pública eran tachadas por la derecha como meras reacciones que pretendían dar marcha atrás hacia un welfare imposible, ante la crisis actual deben de ser leídas de muy distinta manera. Hoy somos testigos de la bancarrota neoliberal. Estas luchas ya no son restos de un pasado que se niega a desprenderse del presente, sino signos del porvenir. Y pueden tener certeza que no están solos, que el movimiento es mucho más amplio: desborda al ámbito de la educación y cualquier frontera estatal. De Grecia a Chile, de la Plaza Tahrir a la Puerta de Sol, la lucha es global.

* Este texto acompañó a la firma que al autor le fue requerida para un manifiesto por la educación pública, promovido por los estudiantes de postgrado de la Universidad de Chile.

Más info. del movimiento chileno aquí.

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